‘Más allá del fútbol’ con Óscar Trejo: el valor de ser buena persona antes que gran futbolista

Oct 15, 2026 | Fundación AFE, Veteranos/as

En el nuevo capítulo de ‘Más allá del fútbol’, el podcast de la Fundación AFE, Óscar Guido Trejo (Santiago del Estero, Argentina, el 26 de abril de 1988) repasa toda su trayectoria deportiva en una conversación con el exfutbolista y analista Eneko Fernández de Garayalde Giménez. Desde su infancia en Argentina y sus primeros pasos en el fútbol hasta su llegada a España y su consolidación como uno de los grandes referentes de la historia reciente del Rayo Vallecano. Una charla en la que Trejo recuerda los momentos y las personas que han marcado su carrera.

Trejo recuerda que el fútbol fue el último deporte que practicó. Antes pasó por el ciclismo, entre los 4 y los 7 años, y por el baloncesto, de los 7 a los 10. “El fútbol fue el último deporte que toqué. Ciclismo y baloncesto me ayudaron mucho para la sincronización de movimientos”, relata. Con el tiempo, el fútbol terminó imponiéndose: “Luego, el fútbol me abrió puertas, primero en Buenos Aires y después me dio la oportunidad de venir a este hermoso país que es España”. En su casa, explica, siempre había discusiones sobre el camino a elegir: “La pelea al acabar un año radicaba sobre qué deporte iba a practicar. Boxeo, ciclismo, baloncesto, tenis… Pero lo que me gustaba era el fútbol y lo quería practicar en serio”.

Su apodo desde niño fue ‘Chocota’, una historia que Trejo evoca con cariño: “Era un íntimo amigo de mi padre, un tipo bohemio que vivía en la calle. Mis padres tenían un restaurante y siempre venía en busca de comida y bebida. Tenían muy buena relación y le decía a mi padre que tendría un hijo y que si no le ponía su nombre, que al menos le apodara ‘Chocota’. Llegaron mis hermanas, hasta cuatro, al final nazco yo y me quedo con ese apodo”.

El restaurante familiar también ocupa un espacio importante en sus recuerdos porque “trabajábamos todos los integrantes de la familia todo el día. Mis hermanas hacían la masa de la pizza, la pasta de la empanada… Recuerdo que yo hacía las cajas de la pizza, limpiaba las mesas, la vajilla, con el tiempo salía en bici para entregar los pollos… Y cuando hacía de camarero me daba vergüenza porque tenía que atender a muchos amigos del colegio. Era un trabajo gracias al cual vivíamos y me permitía ir a un colegio privado. Son lindos recuerdos, pero era muy esclavo; iba al colegio, entrenaba y los fines de semana estaba en el restaurante”.

Sobre su salida de casa rumbo a Buenos Aires para jugar en Boca Juniors, Trejo reconoce que con el tiempo ha podido comprender mejor lo que supuso para sus padres y hermanas: “Con el tiempo ya vas conociendo las versiones de mis hermanas y padres, cómo vivieron aquello, porque en aquel momento no te dabas cuenta de que sufrían en silencio. El único que no flaqueaba era mi padre, se ponía duro y me decía las cosas como eran en ese momento. Sé que mi madre y mis hermanas sufrieron mucho. Tengo una familia que gracias a su trabajo y responsabilidad salió adelante. Mis padres hicieron un trabajo duro”.

La presión de ayudar a su familia comenzó a sentirla desde que se marchó a Buenos Aires: “Cuando me voy a la capital ya siento esa responsabilidad, que me tengo que dedicar al fútbol. Nunca nos faltó nada, pero no teníamos lujos, ni siquiera pudimos hacer un viaje en familia. Una vez que te subes al autobús, ya te pones a pensar: te tienes que dedicar al fútbol exclusivamente para ver si tengo la posibilidad de ayudar a la familia”.

Siendo un niño practicó diferentes deportes como boxeo, ciclismo, baloncesto, tenis… Hasta que finalmente se decidió por el fútbol y el histórico Boca Juniors le abrió sus puertas

En Boca muestra todo su potencial y su estreno con el primer equipo lo vivió con una gran alegría: “La gente ya venía hablando de mí y debuto con 17 años en un club difícil porque la cantera es como la del Real Madrid o Barcelona. Me tocó vivir en una residencia, pasando pruebas complicadas porque cada dos meses iban a probar 300 o 400 chicos. Recuerdo que les preguntábamos de qué jugaban por si iban a ser una amenaza para uno. Era muy exigente aquello, vivir desde los 11 años así. La exigencia es linda y es un privilegio. Cuando debuto con el primer equipo es un momento que se te queda en la cabeza. Justo cuando marco un gol y voy a celebrarlo a la grada, en una foto sale mi familia en el fondo. Una foto que tenemos en casa… Fue un sueño porque estuvo toda mi familia menos mi madre, que era responsable y se quedó a trabajar en el restaurante, así que lo vio por televisión”.

Problemas contractuales con Boca Juniors terminaron cambiando sus planes. En aquel momento, Trejo explica que apenas comprendía lo que estaba sucediendo y que se limitaba a cumplir con sus obligaciones en el colegio y en el fútbol: “No entendía nada. Yo me ocupaba de ir al colegio. Cuando entrenaba con el primer equipo iba a clase por la noche; era una obligación estudiar porque mis padres me dejaron claro que tenía que acabar el Secundario”. Debuta con el primer equipo “y Boca me ofrece un contrato, que era cumplir un sueño, y tengo claro que me quedo. Pero empiezan a pasar cosas, yo no quiero preguntar, quiero evitar problemas en casa. Y entra en acción mi padre con un representante que conocíamos. Pasábamos apuros, vivíamos todos juntos en unos metros cuadrados… Y el tiempo pasaba y ante la posibilidad de firmar un contrato que nos permitiría cambiar cosas de nuestra vida. Ese representante nos dice que nos puede ayudar con lo de la casa para disponer de más metros y podamos vivir mejor. Pero a cambio nos pide que sea mi representante. Mi padre lo arregla con él, porque yo tenía 17 años, era menor y no podía firmar nada”.

Antes de cumplir los 18 años llegó a España para realizar una prueba con el Sevilla. Después viajó a Palma y allí apareció la opción del Mallorca: “En ese momento, antes de cumplir los 18, un mes de diciembre un agente me trae a España a probar con el Sevilla. Tenía unos veinte días libres antes de volver a Boca a principios de enero. Hago la prueba y viajamos a Palma a ver un partido entre el Mallorca y el Racing de Santander. Este agente era mi amigo de Jonás -jugador del equipo balear-. Tras ese partido, hablo con el director deportivo del Mallorca y me transmite que me quieren. Me dice que la diferencia en relación con el Sevilla es que, si lo hago bien, estaré en el primer equipo y no con el filial. Mis padres me dicen que decida yo por las sensaciones que tuviera. Y al final decido irme al Mallorca”.

“El ciclismo y el baloncesto fueron dos deportes que me ayudaron mucho en cuanto a la sincronización de movimientos cuando aposté definitivamente por jugar al fútbol”

Sobre lo que supuso abandonar Argentina, reconoce que le habría gustado continuar en Boca: “En lo deportivo, sí, me habría encantado. Hubo muchos amigos a la par mía que debutaron y luego siguieron jugando en otros sitios. Éver Banega, Juan Forlín, Nico Gaitán… Pero siempre digo que sufrí más al irme de Santiago a Buenos Aires que de Buenos Aires a España”.

Su llegada al Mallorca supuso descubrir un fútbol diferente al que conocía. Recuerda las diferencias en el lenguaje futbolístico, las instalaciones, los viajes y los estadios. Asumió muy pronto que “el fútbol era muy diferente… Yo le preguntaba al ‘Caño’ Ibagaza, por ejemplo, qué significaba lo de ‘jugar de cara’, que para mí era ‘jugar de frente’… El césped estaba perfecto, bien cortado, fino, verde… Por otra parte, en aquella época, Boca no tenía la ciudad deportiva que tiene ahora. Recuerdo cómo eran los viajes, los trajes que nos daban… Y, por supuesto, conocer los grandes estadios que hay en España”.

La cesión al Elche llegó poco tiempo después y cree que “fue necesaria porque tenía 19 años y quería jugar. Gregorio Manzano se porta muy bien. Estaba pasando un momento familiar complicado. Yo vivía solo, luego llegan nueve personas, posteriormente se queda conmigo sólo mi madre, mi padre iba y venía… Era una época de dudas. Necesitaba salir y me voy a Elche, un club al que estoy muy agradecido”. En el equipo alicantino, destaca, “empiezo a sentirme importante, porque ya contaban conmigo para ser titular, no para jugar cinco o diez minutos como en Mallorca. Todo depende de tu rendimiento, claro, pero te cambia la cabeza, la perspectiva y, sobre todo, la semana. Porque al jugador le gusta jugar y todo cambia cuando lo hace”.

La siguiente cesión, al Rayo Vallecano, supuso para Óscar un giro radical en su vida: “Me encuentro lo que buscaba: amor, sentirme querido en un club que me recordaba a mi Santiago, la cercanía con el trabajador, las personas del club… El club tenía limitaciones, pero están la gente, la pasión, lo que se vive en el entorno de Vallecas, que se vive en pocos lugares… Me dijeron que me gustaría. Cuando me fui, sabía que algún día volvería si dependía de mí, que la vida nos debía otro capítulo”. Con el Rayo llegó el ascenso a Primera, aunque la situación económica del club provocó su salida: “Ascendemos, pero el Rayo entra en Ley Concursal. No pueden comprarme y lo hace el Sporting de Gijón”.

De su etapa en Asturias, ya con 22 años, Trejo guarda también un recuerdo muy positivo: “Se vive de manera espectacular. Fue un club increíble para mí, con grandes instalaciones, muy preparado, con muy buena cantera y un trabajo espectacular. Debe estar en Primera División”. En dos temporadas, Óscar Trejo estuvo a las órdenes de entrenadores como Manolo Preciado, José Ramón Sandoval y Javier Clemente. Del exentrenador del Athletic Club y exseleccionador nacional de fútbol guarda un recuerdo especialmente intenso. “Javi Clemente era una bestia, increíble, cómo nos hablaba… Un tipo encantador y a nivel emocional tiene su toque a la hora de percibir cosas. Un gran líder de grupos. Puede saber de análisis, de táctica, pero en los peores momentos sale a relucir la persona; y si ves que es cercana, empática, que es transparente y no te miente, y al final te potencia y ayuda en los futbolístico, vas a querer ir junto a él hasta el último minuto”, dice del técnico vasco. “La diferencia de esos entrenadores de antes eran ese tipo de cosas y más con jugadores como yo en esa época, que tenía con 20 o 22 años”, añade.

Durante años ayudó en el restaurante de sus padres, donde aprendió a diario el verdadero valor del trabajo y del esfuerzo, una labor que compaginó con los estudios y el fútbol

Al hilo de aquella etapa, Trejo recuerda una anécdota que protagonizó con Clemente poco después de su llegada al Sporting. El futbolista explica que había tenido un problema con el club después de una dura derrota ante la Real Sociedad y que, tras el partido, salió a tomar algo con dos compañeros. Así narra Trejo aquel episodio: “Antes de que fichara para entrenar al equipo, yo tuve un problema con el Sporting. Perdemos en San Sebastián por 5-1 y al llegar después del viaje en autobús salimos a tomar algo a Pola de Siero Damián, Gálvez y yo. Muy mala idea. Y encima no estaban las mujeres. Todo mal. Se va Manolo Preciado, a mí me pitaban y llega Clemente. El primer día nos dice cómo va a jugar el equipo. Tras una hora de charla y antes de salir a entrenar, nos dice: ‘Quiero que se levanten los tres jugadores que han salido’. Yo estoy rojo como un tomate, Damián y Gálvez mirando al suelo… Y sigue hablando: ‘A partir de ahora, cuenta a cero, yo les voy a defender, pero sólo les pido que se cuiden todas las semanas. Y si ganamos, yo les invito a un gin-tonic después del partido. Y todo el mundo aplaudió”.

Trejo continúa con el relato de aquella historia y explica cómo aquel gesto de Javier Clemente terminó siendo determinante para recuperar su confianza y cambiar la percepción que existía sobre él: “Yo llevaba cuatro partidos sin jugar por orden del club y él me pone de titular en el primer partido ante el Sevilla. Ganamos 0-1 y me dice tras terminar que escuche su rueda de prensa y que le llame después. La escucho y dice que me he ganado uno o dos gin-tonics (risas). La verdad que se creó una relación increíble. Jugué con él los 12 partidos que quedaban y gracias a él cambié los pitos por cariño y amor. La verdad es que fui el primero en reconocer mi error, por la edad o no saber dónde estaba”.

El argentino considera que la capacidad de Clemente para recuperar a jugadores que estaban en una situación complicada tenía mucho que ver con la manera en la que ejercía el liderazgo. En su caso, recuerda que el técnico consiguió liberarle de la presión que arrastraba y devolverle la confianza sobre el terreno de juego. Trejo confiesa que “te daba una naturalidad que en ese momento no teníamos, cuando estábamos tensos cuando llegó. En Mareo hay 200 personas a diario y él me ponía en una banda para que la gente me puteara. Aunque le dijera que me cambiara de banda, siempre me ponía en la del público. Y al final llegabas al fin de semana y me decía: ‘Ya está, ahora libérate y disfruta del partido’. Y pasaba eso, jugaba libre, como yo quería y si me equivoco, pues ya está. Gracias a todo eso, me fue muy bien al final”.

Después de aquella etapa llegó el momento de emprender un nuevo rumbo. Sobre la mesa aparecieron dos opciones, Olympiakos y Toulouse, pero Trejo explica que quiso dejar la decisión en manos del Sporting, consciente de la situación económica del club. Por ello, “me manejé como siempre hago. El Sporting había pagado un dinero por mí y yo quería recompensarlo. Hablé con el club y les transmití que me dijeran qué oferta era mayor y a ese club me iría. Me tenía que ir porque el club necesitaba vender. El Sporting eligió Toulouse y allí me fui. Con mi mujer embarazada y una hija de once meses…”.

“Cuando me voy de casa con rumbo a Boca Juniors ya siento responsabilidad, ya piensas que te tienes que dedicar sólo al fútbol para ver si tengo la posibilidad de ayudar a la familia”

Su llegada a Francia supuso un cambio importante tanto en lo futbolístico como en lo personal. Trejo reconoce que “el primer año fue complicado; otro idioma, otra cultura… Pero a partir del año y medio, todo fue muchísimo mejor y la experiencia me ayudó mucho para crecer”. También tuvo que adaptarse a un fútbol diferente, especialmente exigente en el aspecto físico, ya que “se trata de un fútbol muy duro, los jugadores son muy grandes y tienen mucha fuerza. El principio fue complicado porque había que trabajar mucho el físico. Mi última temporada fue increíble, fue un año redondo”. “El presidente me amenazó con no jugar si no renovaba, pero el entrenador me dijo que lo haría siempre que estuviera bien. De 38 jugué 34 partidos”, añade sobre el final de su etapa en tierras galas.

Con la certeza de que aquella sería su última temporada en Francia, Trejo tuvo que afrontar una decisión vital: regresar a Buenos Aires o volver a Madrid para jugar en el Rayo Vallecano. La familia tuvo un peso importante en aquella elección. “Pensamos en regresar a Argentina por la parte afectiva, que los chicos se criaran cerca de la familia. Y al final regreso al Rayo porque toda la familia y las personas que nos conocían querían eso”, explica.

La vuelta al Rayo Vallecano significó reencontrarse con un club que conocía bien y con antiguos compañeros que en ese momento ya ocupaban otros roles: “Me encontré con el mismo Rayo Vallecano, pero con Míchel de entrenador y Cobeño de director deportivo, que habían sido compañeros míos. Firmé sólo un año, que fue muy lindo, para ver cómo estaba el club. Y con el tiempo seguí renovando y renovando… Mi mujer y yo siempre lo hemos hablado todo, siempre nos veíamos con una familia grande viviendo en Madrid. Gracias a Dios hemos podido cumplir ese deseo”.

En este recorrido, Trejo concede un papel fundamental a su mujer, a quien considera una pieza esencial durante toda su carrera: “Nos conocemos desde muy jóvenes y ella se la jugó viniendo a España tan joven”. El futbolista pone como ejemplo el pasado verano, ya retirado, cuando pudo tomar una mayor conciencia de todo el trabajo que ella había realizado durante años mientras él estaba centrado en su profesión: “He podido percibir ese trabajo que ha hecho en silencio durante años. Siempre lo he sabido, pero no en su totalidad. Le preguntaba: ¿Todos los veranos eran así? Incluso un poquito peor porque los hijos eran más pequeños. Para un futbolista, tener una buena mujer te da confianza, tranquilidad y seguridad para que puedas tener tu cabeza centrada en un trabajo que nos permitirá vivir de él el día de mañana”.

Un viaje a España con tan solo 17 años de edad le cambió por completo la vida para siempre: realiza una prueba con el Sevilla, pero aparece el Mallorca y firma por el equipo bermellón

La conversación regresa al Rayo Vallecano y a la responsabilidad que Trejo fue asumiendo progresivamente más allá de lo que sucedía en el terreno de juego. El argentino explica que siempre tuvo una personalidad muy marcada y que, desde joven, tendió a escuchar y observar a los futbolistas más veteranos. Afirma que “uno es consciente y dueño de asumir obligaciones, teniendo claro los pros y los contras. Lo que pensaba a los 29 ya lo pensaba a los 20. Mi personalidad siempre ha sido de escuchar a la gente mayor que yo, de observar los pequeños detalles de los veteranos. En todos los clubes he tenido a mi lado grandes personas y grandes líderes. Cuando llego al Rayo ya soy más maduro. Yo soy más de hacer que de hablar. Hubo momentos en los que ya me tocó hablar. Mis padres me transmitieron siempre que no hay ser más que nadie, tienes que hacer notar que nadie está por encima de ti ni tú por encima de nadie. Me encontré en un club en el que me sentía como en casa; y en mi casa me enseñaron a respetar, a tratar a todos por igual y defender a las personas cuando no hay justicia. Ahí entra el desgaste… Es una responsabilidad que quiero asumir y he tratado de ser siempre transparente y defender a las personas que han podido sufrir una injusticia”.

Esa posición le llevó también a mantener conversaciones con el club sobre situaciones que consideraba complicadas y que, en algunos casos, parecían difíciles de modificar. Preguntado por si aquellas reuniones fueron duras o incómodas, Trejo explica que asumía que debía afrontar ese papel y seguir insistiendo, porque “al final era una guerra que tenía que afrontar, tenía que estar ahí, tenía que seguir empujando… Al final el Rayo tiene que cambiar en algún momento. ¿Cómo? No sé… Teníamos que hacer ver con ejemplos que todos los clubes crecen por muy humildes que sean. Hay que tener ganas de que sea así; una línea de trabajo, unos objetivos a cumplir, un plan de mejora año tras año. Y en el caso del Rayo Vallecano, desde 2010 a 2026 ha sido siempre lo mismo… Creo que ahora, después de 16 años, han cambiado el vestuario de la ciudad deportiva, algo de lo que veníamos hablando durante mucho tiempo”.

Trejo insiste en la importancia que tiene el día a día dentro de un club y en las condiciones que rodean al futbolista durante una temporada. Considera que muchas de las mejoras necesarias no requieren grandes inversiones, sino voluntad y una estructura que tenga claro hacia dónde quiere avanzar. “El día a día de un futbolista pasa por el club, que es donde estás muchas horas concentrado, entrenando, comiendo, viendo vídeos, etc. Lo mínimo son cosas que a un club de Primera División no le cuesta. Pero hay que tener ganas y, sobre todo, gente que esté ahí con las ideas claras y querer trabajar”, reflexiona.

En su última temporada, Trejo tuvo un papel diferente al que había desempeñado durante buena parte de su trayectoria en el Rayo Vallecano. Con menos minutos a las órdenes de Íñigo Pérez, tuvo que asumir un rol más secundario y aprender a aportar desde otro lugar. El argentino reconoce que “el último año ha sido difícil, pero debes apoyar desde el lugar que estés. Me ha tocado ese papel y al final ha sido uno de los años más lindos, aunque al jugador le queda esa espinita por no haber participado un poco más. Íñigo ha sido para mí un gran entrenador, una gran persona. Tuvimos la oportunidad de conocernos siendo segundo entrenador (con Iraola) y luego como primero. Me quedo con el segundo porque era más simpático y más bromista (risas). Siendo el primero ya es más serio… Cuando era segundo y nuestros hijos coincidían en la escuela de fútbol, teníamos charlas interminables sobre fútbol, la vida y, sobre todo, la familia”.

“En el Rayo Vallecano encontré lo que estaba buscando: amor, sentirme querido, la pasión, la cercanía con el trabajador… Lo que se vive en Vallecas, se vive en muy pocos lugares”

La conversación lleva a Trejo a reflexionar sobre la evolución de algunos de los entrenadores que han pasado por el Rayo Vallecano y que ahora dirigen a grandes equipos. Míchel está en el Ajax, Andoni Iraola en el Liverpool e Íñigo Pérez en el Villarreal. Para el argentino, la trayectoria de los tres demuestra el crecimiento profesional que puede existir detrás de un paso por Vallecas: “Tremendo… En el caso de Íñigo, se hubiera quedado si el club hubiera hecho mejor las cosas, te lo aseguro. Pero si no ves reacción por parte del club y te llama el Villarreal… Ves la foto oficial del staff y parece el de un equipo de fútbol americano (risas). Como digo, al final el trabajo paga y hoy está en un lugar privilegiado que va a disfrutar. Si en el Rayo era exigente, imagino lo que es allí”.

Al pensar en el futuro del Rayo Vallecano, Trejo no oculta su preocupación por algunas de las situaciones que ha vivido durante sus años en el club. Su reflexión pone el foco especialmente en el trato cotidiano al futbolista y en la necesidad de que exista una estructura capaz de acompañarle también fuera del terreno de juego. Por ello, dice, “me duele verlo como está ahora, me da pena, porque hay mucha gente que quiere mejorar y cambiar el club. Pero lo que me da más pena es cómo se trata al jugador en el día a día. Al final los capitanes deben saber lidiar con la gestión y con el trato. Sobre todo, pienso en los jugadores que han estado mucho tiempo y no tienen un pequeño lugar en el club. En otros tienen ayuda de esa figura; por muy dirigente que seas, a nivel emocional no has vivido diez años en el vestuario. No sabe si un jugador ha tenido una mala semana, si se ha peleado con la mujer, si ha nacido un hijo… Hay muchas cosas que el jugador necesita y el club no está preparado para eso. Lo bueno es que hay un grupo de personas increíbles, pero lo malo es que en algún momento se les acabará el contrato. Como decía Paco, todos los veranos llegan 15 o 16 jugadores nuevos. Está bien, hasta que un año te salga mal”.

Trejo considera que el Rayo podría aprovechar la experiencia y el sentimiento de pertenencia de antiguos futbolistas que siguen vinculados emocionalmente al club. En ese sentido, menciona varios nombres de jugadores que, a su juicio, estarían dispuestos a aportar desde dentro: “Hay muchos exfutbolistas, yo también, a los que les encantaría estar en el club para ayudar. El ‘Tigre’ (Falcao) estuvo tres años y se muere por estar; también están Alberto García, Mario Suárez… Por mucho que hayas estado en el Chelsea, el Atlético de Madrid, etc., este club tiene algo”.

Después de poner punto final a su carrera como jugador, Trejo ha comenzado a explorar nuevos caminos: “Ya me he formado en Dirección Deportiva. Por otra parte, me han dado una oportunidad en DAZN, también en AFE, lugares en los que me siento muy cómodo y con ganas de devolver ese gesto de cariño que he recibido”. Además, añade, “sigo formándome y mi plan es estudiar el próximo año para sacarme el carnet de entrenador. Me veo en la parte directiva de un club y ahora hay que aprovechar las oportunidades que me ofrecen. Lo lindo es que te llaman y te quieran para un proyecto, como son los casos que he dicho, antes de forzar algo que no se tiene que dar”.

Como sucede en todos los capítulos de ‘Más allá del fútbol’, uno de los amigos del protagonista aparece por sorpresa a través de un vídeo para hablar de su relación con él y explicar qué significa su figura tanto dentro como fuera del fútbol. En el caso de Trejo, el encargado de hacerlo es Isi Palazón, compañero y amigo durante sus últimos años en el Rayo Vallecano. “En todos los sitios en los que has estado has dejado huella en el corazón de todos, tanto en lo futbolístico como a nivel personal. Todo el mundo te quiere”, dice dirigiéndose a Óscar, y aprovecha la ocasión “para darte las gracias por tu trato hacia mí, tanto en el plano profesional como personal. Hablo también de mi mujer y de mi familia, que ha sido increíble. Tienes unos valores que pocas personas tienen y que te agrandan más como persona. Eres un ejemplo para mí por cómo tratas en lo profesional a los demás, a los entrenadores, a los compañeros y a la gente que nos rodea en el club los últimos años. También, en lo personal, por cómo tratas a tu mujer, a tus hijos, los valores que les inculcas… Como ya te he dicho en privado, eres un ejemplo a seguir. Tanto mi familia como yo te queremos muchísimo. Allá donde vas dejas una huella imborrable por cómo eres, por tener un corazón inmenso y darlo todo. Ojalá pueda seguir contando y disfrutando de tu amistad”.

“Puedes ser buen futbolista o ingeniero, pero la clave es ser buena persona. Eso debe ir en tu ADN y seguramente te abrirá más puertas que el conocimiento sobre cualquier materia”

Las palabras de Isi emocionan a Trejo, que pone en valor que ese reconocimiento proceda de alguien que ha compartido con él vestuario y vida personal. Para el argentino, que sus padres pudieran escuchar ese mensaje sería una de las mayores recompensas que podría recibir. “Me enorgullece. Si mis padres pudieran escuchar eso… Es el mayor título que pueden pedir para un hijo. Tratamos de dar ejemplo con nuestros hijos; puedes ser buen futbolista, estudiante o ingeniero, pero la clave es ser buena persona. Eso debe ir en tu ADN y eso seguramente te abrirá más puertas que el conocimiento sobre cualquier materia. Isi va mucho con mi perfil, encaja con todo: con los valores, la superación, la resiliencia… Y hablo también de otros compañeros como Unai, Camello, Iván, Alvarito García… Somos todos muy naturales y hemos creado algo que todo vestuario querría tener: querer juntarte una vez a la semana. Y lo importante es que también las mujeres han encajado y se llevan bien”.

La relación con Isi ocupa también un espacio especial en su recuerdo de los últimos años. Trejo destaca la personalidad del futbolista y la repercusión que ha alcanzado su historia: “Isi es lo más, me alegro de todo lo que representa. La gente le conoce en todos los lados y saben su historia, y los chicos se ven reflejados en él. El fútbol, por más duro que sea, te puede dar una oportunidad y te cambia la vida”.

Isi Palazón: “Pocas personas tienen los valores de Óscar, que le agrandan más como persona. Es un ejemplo y allá donde va deja una huella imborrable por tener un corazón inmenso”

Para cerrar la conversación, el ‘Chocota’ mira hacia Argentina y recuerda a uno de los futbolistas que ejerció como referente durante su juventud: Carlos Tévez. Trejo explica que no solo admiraba su manera de jugar, sino también la forma en la que entendía la vida y la responsabilidad hacia su familia: “En Argentina, cuando surge Carlos Tévez, era mi espejo, mi referente. He tenido la oportunidad de conocerle y para mí era alguien al que quería imitar. No sólo hablo como futbolista, también por lo que hizo fuera, con todas las ayudas que dio a toda su familia. Siempre decía que mis hijos y mis sobrinos tienen que mejorar la generación de este Tévez. Les voy a dar todas las herramientas que pueda y ojalá las aprovechen”.

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