Vivar Dorado en ‘Más allá del fútbol’: del talento sobre el césped al liderazgo desde el banquillo

Sep 16, 2026 | Fundación AFE, Veteranos/as

El nuevo capítulo de ‘Más allá del fútbol’, el podcast de la Fundación AFE, está protagonizado por Ángel Vivar Dorado (Griñón, Madrid, 12 de febrero de 1974), una figura con una brillante trayectoria como futbolista y que, tras colgar las botas, ha sabido trasladar al banquillo gran parte de los valores y conocimientos adquiridos durante sus años como jugador. La entrevista está conducida por el exfutbolista y analista Eneko Fernández de Garayalde Giménez, que mantiene una conversación cercana y amena con el protagonista para recorrer las diferentes etapas de una vida estrechamente ligada al fútbol.

Durante el encuentro, Ángel Vivar Dorado repasa su carrera como futbolista, sus primeros pasos, los equipos y vestuarios que marcaron su trayectoria, los momentos más especiales que vivió sobre el terreno de juego y las experiencias que contribuyeron a formar al profesional y a la persona.

Vivar Dorado recuerda sus inicios y su llegada al Leganés, donde comenzó a jugar con 11 años: “Soy de Griñón, empecé de niño jugado al fútbol y al fútbol sala. Antes no había facilidades para encontrar equipo. Se me queda corto y decido irme a Leganés y allí empiezo a jugar. Con 11 años me iba dos veces por semana en autobús a Leganés. Ahora ves a los padres llevando a sus hijos o hijas. Mis padres trabajaban, tenían un restaurante, y no me podían llevar. Al final aprendes a responsabilizarte y maduras”.

Su paso por la cantera le llevó hasta el primer equipo y al ascenso a Segunda División: “Pasas por las categorías inferiores y llega al primer equipo. De lo que más cariño recuerdo es el primer ascenso a Segunda División con 18 o 19 años. Era de la cantera y de los más jóvenes. Era un equipo en el que más de la mitad de los jugadores trabajaban. Éramos un equipo humilde y con mucha ilusión. Ahora el Leganés es un equipo muy hecho y asentado en el fútbol profesional. Recuerdo mucho a los compañeros con los que viví esa experiencia”

Más allá de los títulos, destaca las amistades que deja el fútbol: “Soy un jugador que no tengo títulos, no he ganado competición alguna, pero el fútbol sobre todo te deja amigos y los que más se te quedan son los primeros con los que conviviste. Cuando nos vemos, parece que no ha pasado el tiempo”.

El Tenerife fue su siguiente destino. También tuvo otras ofertas, pero su prioridad era jugar en Primera: “Pensando en lo futbolístico decido irme porque era un equipo que se ajustaba más a mis características. Me llamaron para estar en los filiales del Real Madrid y del Barcelona, también el Valladolid, pero quería jugar en Primera División y por eso decido irme”.

“Como mis padres no podían llevarme, con 11 años me iba solo dos veces por semana en autobús a Leganés a entrenar; de esta manera aprendes a responsabilizarte y maduras”

Su primer curso en la isla estuvo marcado por la falta de minutos y la inexperiencia, antes de vivir dos buenas temporadas y alcanzar la competición europea: “De repente, al llegar, no es el Tenerife de Valdano y llega Vicente Cantatore. Mi primer año no es bueno porque juego poco, pago mi inexperiencia. Pero el segundo y tercer año nos va muy bien, nos clasificamos para disputar competición europea y juego con compañeros de mucho talento”.

Vivar Dorado analiza a diferentes entrenadores de aquella época. Sobre Vicente Cantatore es claro: “Es el golpe de profesionalidad el que vivo con él, te tienes que buscar la vida. Había muchos jugadores hechos. La temporada no nos va bien y sufro”.

El hombre que cambia su vida es Jupp Heynckes: “Es el que marca una diferencia a favor en mi carrera. Echo la vista atrás y era un entrenador que gestionaba muy bien el grupo. Fue futbolista y se ponía en tu lugar cuando no jugabas. Te daba confianza y seguridad. El equipo con el que más seguro me he encontrado es con ese Tenerife. Y eso tiene que ver con el entrenador y el cuerpo técnico”.

“Soy un futbolista que no ha ganado títulos durante su carrera, no he ganado competición alguna, pero el fútbol sobre todo te deja amigos y los que más se te quedan son los primeros”

Su experiencia en los banquillos también ha modificado su manera de entender el fútbol: “Cuando empecé a entrenar hace unos años en juveniles me centraba más en lo táctico pensando que era lo más importante. Ahora pienso que es la gestión del grupo, emocionalmente a las personas hay que intentar llevarlas bien. Si consigues eso y das confianza, está muy bien, pero es muy difícil acertar. Pero es un camino que merece la pena recorrer”.

De aquel Tenerife recuerda a “jugones como Juanele, Pizzi, que fue Pichichi, Diego Latorre, Jokanovic, Felipe Miñambres, Chano… En fin, muy buenos futbolistas”. El equipo alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA. En la ida, Vivar Dorado fue expulsado y Heynckes trató de quitarle peso a la acción: “Volvemos a hablar de la gestión del entrenador. Heynckes me ayudó mucho. Fue una acción en la que me intentan robar el balón, me protejo y viendo imágenes, suelto el codo. Te vas con mucha frustración. Era un partido ilusionante y sientes el peso de la responsabilidad. ‘Estate tranquilo, no es una acción para expulsarte, se ha equivocado el árbitro’. Esas palabras de Heynckes amortiguan la sensación de culpabilidad que puedas tener y te alivian”.

Después llegó el Racing Club de Santander, donde pasó cuatro años: “Pensaba que había cerrado una etapa en Tenerife. Paso allí cuatro años con luces y sombras. Al principio no juego, luego sí… En la segunda temporada, con Gustavo Benítez, coincido con Salva, Amavisca, Manjarín, Gonzalo Colsa… Jugamos muy bien y conseguimos la permanencia. En el tercero descendemos y luego vivo medio año en Segunda. Vuelve Benítez, es cesado y llega Quique Setién”.

El descenso fue el momento más duro de su carrera: “Como futbolista los años pasan en un instante, el futbolista vive en un instante. El peor momento de mi carrera es el descenso con el Racing. Ves la decepción de la gente y piensas que podías haber hecho mucho más. Es complicado…”.

En el Rayo Vallecano, siguiente capítulo de su carrera como futbolista, encontró un entorno positivo: “Todo es un poco más familiar, más cercano… Lo vives más, en una palabra. Cuanto te tratan bien y te sientes arropado, al final te implicas”.

Jupp Heynckes es el que marca en el Tenerife una diferencia a favor en mi carrera. Era un entrenador que gestionaba muy bien el grupo, te daba mucha confianza y seguridad

Su llegada al Getafe supuso un punto de inflexión en su vida profesional porque “necesitaba resetear en ese momento de mi carrera. Volver a inculcar a mi juego cosas que había dejado de hacer, reconstruirme como jugador. Quizás había olvidado cosas potenciales de mi juego que había dejado de hacer y por eso se empobrece. Y necesitaba enriquecerlo. En ese momento sentía que necesitaba recuperar lo que me apasionaba del juego”.

Allí recuperó protagonismo, fue capitán y puso su experiencia al servicio del equipo: “En el Getafe consigo volver a ser yo, a disfrutar mucho más con el juego. La madurez me hacer ver ciertas cosas. Aunque estábamos en Segunda, había ansias de crecer. Yo llegaba de Primera y era jugador de referencia por ello, por lo que debes asumir una responsabilidad. Soy capitán pronto, todo ello me hace crecer y me siento mejor. Había vivido muchas cosas en Primera y podía ayudar a mis compañeros”.

Ángel Vivar Dorado vive también un ascenso histórico con el Getafe,“algo parecido a lo conseguido en Leganés. No éramos candidatos, pero teníamos muy buen equipo, con muy buenos jugadores. Vamos creyendo y subimos a Primera”.

Uno de los momentos más inolvidables de su carrera llegó en la Copa del Rey, en 2007, con aquella histórica remontada ante el Barcelona. “El Barça daba la eliminatoria por cerrada tras el 5-2 de la ida, pero en el equipo hablamos y acabamos por creer que podíamos remontar. Lo más complicado era no encajar, pero es que realmente pensaba que lo podíamos hacer. El exceso de confianza de ellos jugó a nuestro favor y firmamos un 4-0, un hecho histórico en unas semifinales de Copa del Rey en nuestro segundo año en Primera”, evoca Ángel.

“Cuando empecé a entrenar a equipos de categoría Juvenil me centraba más en lo táctico pensando que era lo más importante. Ahora pienso que es la gestión del grupo”

Después llegó la final ante el Sevilla y “recuerdo el ambiente en el Santiago Bernabéu, que es lo que más te llama la atención. Otra cosa que se te queda como jugador son los ambientes que se generan en algunos partidos. Como en Tenerife en partidos europeos. Perdimos, pero disputamos el partido. El Sevilla fue algo mejor y nada más”.

Los dos últimos clubes de su carrera fueron el Valladolid y el Albacete, aunque con este último no llegó a enfundarse la camiseta. De su etapa en Valladolid guarda un recuerdo especialmente positivo. “Guardo muy buen recuerdo de mis dos temporadas, las últimas de mi carrera, tras cinco en el Getafe. Fueron dos años de madurez en los que disfruté del fútbol. Ves que la carrera se agota y se disfruta cada momento”.

Y también recuerda especialmente a José Luis Mendilibar, “por su manera de jugar. Era alegre, nos daba libertad… Era muy pasional y de él aprendí la naturalidad de las cosas. Nos hablaba como a cualquier persona. Tiene una virtud, que le daba igual si jugabas o no, hablaba igual con todos y siempre exigía a todos de la misma manera”.

En Valladolid volvió a coincidir con un viejo conocido. “Allí me volví a encontrar a Víctor Fernández, con el que coincidí en la cantera del Leganés y luego en el Tenerife. Una historia muy bonita que te da el fútbol”, recuerda.

“Cuando fiché por el Getafe necesitaba resetear mi carrera deportiva, inculcar a mi juego cosas que había dejado de hacer… En una palabra, reconstruirme como futbolista”

Su carrera como futbolista terminaría de una manera inesperada, a causa de una lesión en el tendón de Aquiles: “Sufría con los dos y me lesioné en uno. Dejo el Valladolid y me voy lesionado al Albacete. Me sucede a final de una temporada. No está roto y no hace falta operarme. Pero no me recupero, hablo con el Albacete y les comunico que me voy porque no me parecía razonable seguir. Al final me opero y con 36 años me retiro. Cuando llega ese momento sientes alivio, pero al mismo tiempo te preguntas… Y ahora, ¿qué? Tenía pensado ir a jugar a un futbol más relajado y me llevó un tiempo asumir la retirada”.

El final de la carrera deportiva supuso también enfrentarse a una nueva realidad, ya que “haces un trabajo que te apasiona y de buenas a primeras te levantas y te preguntas, ¿qué hago ahora? Te ves un poco perdido, la verdad. Ya no hay vestuario, exigencia física diaria, no hay convivencia… Se esfuma todo lo que ha dado sentido a tu vida”.

Vivar Dorado buscó entonces nuevos caminos. Fundó un club de pádel, aunque inicialmente no tenía intención de dedicarse al fútbol desde los banquillos. “No pensaba en entrenar en ese momento. No tenía claro qué quería seguir entrenar o seguir vinculado al fútbol. Pero como me gusta el fútbol al final me sacó el título”, reconoce.

Pasarían diez años hasta que diese definitivamente el paso hacia los banquillos: “Me formo a los dos o tres años de dejarlo, me saco los tres cursos. Pero realmente no me pica el gusanillo. Seguía con mi club de pádel y otras cosas; también colaboraba en medios; me llama Canal Plus para analizar partidos de Segunda División, algo que me ayudó mucho porque ahora como entrenador tienes que abarcar muchos campos, entre ellos, comunicar ben, que llegue al jugador.  También te ayuda a ver el fútbol a nivel general, cuando lo hacía a nivel individual siendo jugador.

“Cuando llega la retirada te ves un poco perdido. Ya no hay vestuario, exigencia física diaria, no hay convivencia… De pronto se esfuma todo lo que ha dado sentido a tu vida”

El punto de inflexión llegó gracias a AFE: “Mi primera experiencia como entrenador fue con la Selección AFE Fútbol y un año después ya tengo claro que tengo que empezar a entrenar. Lo hago en el Alcorcón B, en Liga Nacional Juvenil, y ahí descubro que me gusta. Convivo con jugadores que por edad quieren progresar, se lo toman en serio, ya hay una disciplina… Me empieza a gustar, me motiva, me siento capacitado y seguro…”.

Después llegó el Leganés, donde pasó dos temporadas en la cantera “muy buenos. Coincide con una nueva propiedad del club y nos dan medios para trabajar. Te acercas al fútbol profesional y me resulta atractivo, también para formarme”.

Su concepción del fútbol también ha evolucionado con la llegada de la tecnología: “Debe ser así y seguirá avanzando. Cuando era jugador, el margen de mejora a nivel físico era la especialización o la individualización, ya que todos no tenemos las mismas condiciones. Ahora se trabaja con el GPS, que te mide todo. Eso ayuda a planificar los entrenamientos, prevenir lesiones… Ahora se trabaja mucha más fuerza que en mi época de jugador. Los datos te dan información y hay que interpretarlos”.

Su presente está ligado a la R.S.D. Alcalá, donde acumula dos temporadas de buenos resultados. “Llevamos dos años en los que me va muy bien en la R. S. D. Alcalá”, con un ascenso a Segunda Federación en la primera y rozando el ‘play-off’ de ascenso a la Primera Federación en la segunda. “Hay que celebrarlo y disfrutarlo. El fútbol es muy exigente porque es competición diaria. Y a nivel de entrenador, más todavía porque debes tenerlo todo controlado. Por eso cuando te va bien, hay que disfrutarlo”, explica.

Como entrenador, Vivar Dorado tiene claro que quiere transmitir a sus equipos “una identidad, que quieran proponer y hacer un fútbol combinativo, pero al mismo tiempo alegre. Que transmitan energía y garra, que el aficionado se enganche. Ahí entramos en lo emocional, un aspecto en el que trabajamos mucho. Que tenga espíritu, alma…”.

“Mi primera experiencia en un banquillo fue con la Selección AFE Fútbol y un año después ya tengo muy claro que quiero empezar a entrenar; en Alcorcón descubro que me gusta”

Entre sus principales referencias están algunos de los grandes entrenadores del fútbol actual: “Las referencias hoy en día son los entrenadores españoles y puedes extraer muchas cosas de muchos. El precursor y más innovador ha sido Guardiola, es el que ha dado una vuelta de tuerca cuando pensábamos que en el fútbol está todo inventado, algo que no es así. Esto seguirá evolucionando. Emery lo está haciendo muy bien, y eso que no es el mismo entrenador que cuando empezó en el Almería, un equipo que era muy rocoso. Ahora no te desarrolla todos los años lo mismo. Has visto a su equipo y unas veces era un poco más férreo y ordenado defensivamente y le ves el último año y trata de jugar el balón jugado desde atrás y con muchas soluciones. Luego está Luis Enrique, que con su equipo genera un fútbol que a veces das al ‘pause’ y no eres capaz de analizarlo, te cansas de ver cómo corre… Me gustan ese tipo de entrenadores”.

También sigue Vivar Dorado con atención otras grandes ligas europeas: “Sigo el fútbol inglés, pero también me gusta mucho el alemán. Es muy vibrante y muy dinámico”. Y destaca “lo que está haciendo Hansi Flick, una barbaridad… Con jugadores que han salido de la cantera, como Cubarsí, se lesiona uno y saca a otro…”.

En definitiva, su idea del fútbol pasa por conseguir equipos reconocibles y atractivos, “que transmitan, que sean dinámicos, que dan la cara, que van a por el partido. Y eso es difícil de conseguir… Con este tipo de fútbol enganchas, es muy visual. El fútbol profesional es gracias a los espectadores. Los entrenadores preparamos a los equipos para que ganen, porque así sobrevivimos, pero el aficionado también está ahí…”.

“Como entrenador, quiero que mis equipos tengan una identidad propia, que transmitan mucha alegría, energía y garra, y de esta manera los aficionados se enganchen”

La entrevista guarda también un momento especial con el mensaje de una persona importante para Vivar Dorado. Se trata de Nano Rivas, con quien compartió vestuario en Getafe y Valladolid y con quien ahora coincide en los banquillos, aunque como rival. “Tengo la suerte de decir que somos amigos. Él y Diego Rivas llegaron como niños al Getafe y eran los dos muy graciosos. En un vestuario tiene que haber una buena mezcla. Los veteranos deben ser influencia para los jóvenes y deben ser un apoyo”, señala Vivar Dorado.

Para terminar, Vivar Dorado insiste en la figura de Jupp Heynckes, que dejó una huella especial en su carrera, no solo por sus conocimientos futbolísticos, sino también por sus cualidades humanas: “Fue el que más me influyó, por lo que me ayudó, por cómo me llevó, por lo que me hizo sentir como futbolista… En ese momento aprendí, ahora lo intento llevar como entrenador. Que hay una persona detrás y hay que interesarse antes por la persona para luego llegar al futbolista. Por eso me marcó”.

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