La Clínica CEMTRO acogió este jueves 17 de septiembre una nueva entrega de ‘Encuentros AFE’ centrada en la salud mental y los riesgos psicosociales en el fútbol profesional. Durante la misma, la Asociación de Futbolistas Españoles informó de la creación del Observatorio sobre Salud Mental, un proyecto que busca, en última instancia, proteger la salud de los y las futbolistas.
Juan Manuel Rodríguez Regadera y José Félix Miñambres Bolloto, miembros del equipo técnico del programa AFE Salud Mental, fueron los encargados de comunicar una iniciativa que busca ser referente a nivel internacional, utilizando la fuerza de la Asociación Internacional de Futbolistas (AIF).
Para ello, contará con un consejo de expertos y la meta es trabajar en la prevención a través de la observación, el análisis y la evaluación de riesgos psicosociales, construyendo así un recurso que permita crear guía de muchos de los problemas de salud mental que asolan a los y las futbolistas. Es decir, teniendo en cuenta la perspectiva de género.
Unos de los objetivos principales es que todo este desarrollo ayude a impulsar políticas que protejan la salud mental y los derechos laborales de los jugadores y las jugadoras.

La jornada en sí estuvo conducida por María José López, directora político-institucional-jurídico de AFE, y contó con unas palabras de apertura de Pilar Guillén, directora general de clínica CEMTRO; Marco Gessini, director de la Fundación Laureus; y David Aganzo, presidente de AFE.
En el aspecto concerniente al evento, Pilar Guillén recordó que “la salud es una, mental y no mental”, y tanto Marco Gessini como David Aganzo incidieron en el concepto de “prevención”, uno centrado especialmente en “reajustar la intervención” en niños y niñas, y el otro en “el día después”, tras la retirada.
La jornada prosiguió con la intervención de Belén González, comisionada de salud mental del Gobierno de España, que destacó que “los jugadores y las jugadoras han sido los que han partido una lanza en favor de la salud mental”, que pese a ser “un colectivo de trabajadores y trabajadoras, a menudo nos cuesta verlos así”, y puso el ejemplo de Jenni Hermoso sobre “cómo de conflictivo es señalar algo que no puede pasar en el trabajo y tiene un daño psicológico a corto y largo plazo”.
La conferencia inaugural corrió a cargo de Desirée Vila, atleta paralímpica que contó su historia, con una lesión deportiva, cuando estaba en la Selección Española de gimnasia, que derivó en la amputación de su pierna derecha por complicaciones durante la intervención, para incidir en la importancia del acompañamiento psicológico.
Recordó que, después de un proceso tan traumático, le resultaba muy complicado volver a entrar a quirófano, y que pudo afrontarlo gracias a un trabajo previo de psicología deportiva.
A su vez, con el fin de evitar una pérdida de identidad, insistió en que la retirada “no deja de ser una situación en la que hay que enseñar al deportista que todo lo aprendido durante tantos años puede aplicarlo a otros escenarios”.

Seguidamente, la primera mesa redonda del día, ‘Salud mental y deporte profesional’, estuvo moderada por Lucila Pascua, psicóloga y presidenta de la Asociación de Jugadoras de Baloncesto. Contó con la presencia de Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental; Ana de la Torre, Expresidente de la Asociación Española de Médicos de Equipos de Fútbol; y Rinaldo Martorelli, presidente del Sindicato dos Atletas Profissionais do Estado de Sao Paulo.
La primera cuestión que se les planteó giraba en torno a los principales factores de riesgo psicosocial a los que se enfrenta un/a futbolista. Martorelli afirmó rotundamente: “El miedo al colapso total, físico y mental”. En ese sentido, sostuvo que “el futbolista corre con el estereotipo de una persona fuerte y que siempre se tiene que superar”. Eso, desde muy joven. Por lo que siente como una debilidad el pedir ayuda.
A este respecto, Díaz Marsá coincidió en que el profesional lleva toda esa presión en silencio: “Vulnerabilidad no es debilidad, pero el futbolista lo siente así. Tiene miedo a que no le contraten, no le seleccionen en el once… Más del 53% tiene distrés mental y esto puede desembocar en trastorno mental. Los más frecuentes son la depresión, la ansiedad, trastornos de conducta alimentaria, el burnout, el consumo problemático de sustancias, incluso conductas de ludopatía. Hay muchos trastornos infradiagnosticados por miedo al estigma, al vestuario, al club…”.
Y, ¿cómo se detectan esos factores de riesgo? Según la experiencia de De la Torre de años de trabajo en clubes, “los primeros que los detectan son los que están más cerca de los futbolistas, como los fisios; luego, el médico de campo”. Además, quiso alertar de que “en categorías inferiores, sí que se está haciendo un trabajo de prevención, pero en los primeros equipos sigue siendo algo más tabú”.
La pregunta siguiente abordó cuán de preparadas están las estructuras de los clubes en cuanto a salud mental. Martorelli declaró que, “en Brasil, cero”. Y apuntó a que el problema es que al jugador y a la jugadora no se les ve como trabajadores; esto es, “que no se dan cuenta de que hay personas con varias historias distintas. Son tratados como robots y para los clubes, lo importante es solo ganar”.
Siguiendo el hilo, el debate continuó en torno a qué diferencia marca tener un psicólogo en la plantilla o una cultura organizada en torno a los riesgos psicosociales dentro del club. Díaz Marsá considera que “es importante la independencia del profesional, que no puede estar en la plantilla y tienen que ser externos a los clubes para que exista una confidencialidad brindada para el futbolista, y esta información no pueda influir en los contratos”. Lo que sí considera es que “tiene que haber protocolos claros de intervención”. En esto último, como conclusión firme de la mesa, coincidieron todos los ponentes, siempre y cuando se establezcan desde cantera.

En ese momento, Pedro Guillén, fundador de Clínica CEMTRO, quiso intervenir para recordar que “no existe la especialidad de médicos deportivos en nuestro país” y animó a todos los representantes presentes a “influir para que se pueda recuperar esta figura, que hace muchos años sí que existía”.
La última mesa redonda, ‘La salud mental como responsabilidad del ecosistema deportivo, laboral y social’, contó con María José López como moderadora y en ella, intervinieron Álvaro Ortiz, presidente de la Asociación Mexicana de Futbolistas; Paula Berruezo, coordinadora técnica de investigación y programas de la Fundación Gasol; Ignacio Martín Pina, representante de la Unión de actores y actrices; y José Carrascosa, psicólogo del deporte.
El debate empezó centrado en la infancia, en la incidencia de la salud mental en niños y niñas, y Berruezo desgranó el modus operandi de la Fundación Gasol para conocer la realidad de muchos de esos chicos y chicas, con el fin de establecer programas de intervención que lleven a impulsar políticas al respecto.
Por su parte, Carrascosa aprovechó su larga trayectoria trabajando con clubes y futbolistas profesionales para defender la importancia del papel del psicólogo en ellos. “En el primer club que estuve, los jugadores venían a mi casa por miedo a lo que supiera el entrenador”, expuso. Al mismo tiempo, añadió que “las instituciones y los clubes deben crear el departamento de psicología, que ahora muy pocos lo tienen. En las canteras sí que es más común, pero, a partir de juveniles, nada, que es cuando se empieza a tener más presión. Además, se necesitan protocoles de intervención”.
Martín puso sobre la mesa los puntos en común entre los actores y las actrices con el colectivo de futbolistas en cuanto a que “el marco de prevención de riesgos laborales no funciona para la salud mental, puesto que todos los trabajadores no son iguales en este aspecto”, o no se pueden tratar de la misma forma.
Adicionalmente, Ortiz habló de la relevancia de ser proactivos como sindicatos en cuanto a riesgos laborales y a exigir que existan esos departamentos de psicología en los clubes. “Si yo hubiera tenido un psicólogo, no hubiera cometido muchos errores de los que cometí”, aseguró.

Durante la mesa se trató el impacto de las redes sociales en la salud mental. Berruezo expresó que existe cierto “adultocentrismo”, puesto que los adultos no hemos crecido con las redes como sí lo hacen ahora nuestros hijos, y opinó que la solución para proteger a la infancia pasa por “regular, no prohibir”.
Carrascosa, por su lado, coincide en que hay que aprender a convivir con ello, pero que “hay que ir formando a los niños y las niñas en saber tomar distancia, en fortalecer su autonomía emocional”. En los futbolistas, según él, las redes actúan como “un factor generador de estrés”, pero que es una labora educativa el orientarles en “saber generar su marca personal en, no sólo cómo juegas, sino también cómo te proyectas”. Todo esto, sostuvo, “también pasa por ayudar a que los entornos familiares sean seguros”.
Martín lleva esta problemática al marco laboral: “Esa sobreexposición tiene que ser regulada como riesgo laboral, en el plan de riesgos laborales. Además, tiene que haber un protocolo para cuando una persona joven multiplica de un día para otro por cien su visibilidad y sus seguidores. Por ejemplo, en fútbol, el club comparte su foto en sus redes, lo encumbra como una estrella… todo eso lo decide la empresa”. En conclusión, todos estos retos que se plantearon y a los que resulta tan complicado dar respuesta, simbolizan buena parte del porqué el Observatorio de Salud Mental AFE es un proyecto tan necesario.




